potentes y duros, pues todas las de pico débil perecerían inevitablemente: o bien podrían seleccionarse cáscaras más delicadas y fáciles de romper, sabiéndose que el grosor de la cáscara varía como cualquier otra estructura.
Puede ser oportuno señalar aquí que en todos los seres vivos debe de haber una gran destrucción fortuita que apenas puede influir, o no influir en absoluto, en el curso de la selección natural. Por ejemplo, un vasto número de huevos o semillas son devorados anualmente, y estos solo podrían ser modificados mediante la selección natural si variaran de alguna manera que los protegiera de sus enemigos. Sin embargo, muchos de estos huevos o semillas quizás habrían producido, de no haber sido destruidos, individuos mejor adaptados a sus condiciones de vida que cualquiera de los que llegaron a sobrevivir. Asimismo, un vasto número de animales y plantas adultos, estén o no mejor adaptados a sus condiciones, deben ser destruidos anualmente por causas accidentales que no se verían mitigadas en lo más mínimo por ciertos cambios