En estos capítulos he intentado demostrar que, si tenemos debidamente en cuenta nuestra ignorancia acerca de los efectos completos de los cambios de clima y del nivel del suelo, que sin duda han ocurrido en el período reciente, y de otros cambios que probablemente hayan ocurrido; si recordamos cuán ignorantes somos respecto a los muchos y curiosos medios de transporte ocasional; si tenemos presente, y esta es una consideración muy importante, cuán a menudo una especie puede haberse extendido continuamente por una amplia zona y haberse extinguido después en las regiones intermedias, la dificultad no es insuperable para creer que todos los individuos de la misma especie, se encuentren donde se encuentren, descienden de padres comunes.
Y nos conduce a esta conclusión —a la que han llegado muchos naturalistas bajo la denominación de centros únicos de creación— varias consideraciones generales, más especialmente la importancia de las barreras de todo tipo y la distribución analógica de los subgéneros, géneros y familias.
Con respecto a las distintas especies pertenecientes al mismo género, que según nuestra teoría se han extendido desde una fuente progenitora común; si hacemos las mismas salvedades que antes respecto a nuestra ignorancia, y recordamos que algunas formas de vida han cambiado muy lentamente, habiéndose concedido así enormes períodos de tiempo para su migración, las dificultades están lejos de ser insuperables; aunque en este caso, al igual que en el de los individuos de la misma especie, a menudo sean grandes.
Como ejemplo de los efectos de los cambios climáticos en la distribución, he intentado mostrar cuán importante papel ha desempeñado el último