importar el fin al que se destinen, o bien las homologías seriadas y laterales en cada animal y planta individuales.
Basándonos en el principio de las ligeras variaciones sucesivas, que no necesariamente o por lo general sobrevienen en un período muy temprano de la vida, y que son heredadas en un período correspondiente, podemos comprender los hechos principales de la embriología; a saber, la gran semejanza en el embrión individual de las partes que son homólogas y que, al madurar, llegan a ser muy diferentes en estructura y función; y la semejanza de las partes u órganos homólogos en especies emparentadas aunque distintas, a pesar de estar adaptadas en estado adulto a hábitos tan diferentes como sea posible.
Las larvas son embriones activos que han sufrido modificaciones especiales, en mayor o menor grado, en relación con sus hábitos de vida, y tales modificaciones se heredan a una edad temprana correspondiente.
Basándonos en estos mismos principios, y teniendo presente que cuando los órganos se reducen de tamaño, ya sea por desuso o mediante la selección natural, ello ocurre por lo general en aquel período de la vida en el que el ser tiene que proveer a sus propias necesidades, y teniendo presente cuán fuerte es la fuerza de la herencia, la aparición de órganos rudimentarios podría incluso haberse anticipado.
La importancia de los caracteres embriológicos y de los órganos rudimentarios en la clasificación es comprensible, bajo el punto de vista de que una ordenación natural debe ser genealógica.
Finalmente, las varias clases de hechos que se han considerado en este capítulo me parece que proclaman tan claramente que las innumerables especies, géneros y familias con que está poblado este mundo descienden todas, cada una dentro de su propia clase o grupo, de padres comunes, y han sido todas modificadas en el curso de la descendencia, que yo adoptaría sin vacilación este punto de vista, aun cuando no estuviera respaldado por otros hechos o argumentos.