perfectos. ¿Podemos considerar como perfecto el aguijón de la abeja que, al ser utilizado contra muchos tipos de enemigos, no puede ser retirado, debido a las pequeñas sierras retrógradas, y causa así inevitablemente la muerte del insecto al arrancarle las
Si consideramos el aguijón de la abeja como existente en un progenitor remoto en calidad de instrumento perforador y serrado, semejante al de tantos miembros del mismo gran orden, y que desde entonces ha sido modificado, pero no perfeccionado, para su propósito actual, con el veneno adaptado originalmente para algún otro objeto, como el de producir agallas, y posteriormente intensificado, tal vez podamos comprender cómo es que el uso del aguijón cause tan a menudo la muerte del propio insecto: pues si, en conjunto, el poder de aguijonar es útil para la comunidad social, cumplirá con todos los requisitos de la selección natural, aunque pueda causar la muerte de unos pocos miembros. Si admiramos el poder verdaderamente maravilloso del olfato mediante el cual los machos de muchos insectos encuentran a sus hembras, ¿podemos admirar la producción, para este único propósito, de miles de zánganos, que son totalmente inútiles para la comunidad para cualquier otro fin, y que finalmente son masacrados por sus laboriosas y estériles hermanas? Puede ser difícil, pero debemos admirar el salvaje odio instintivo de la abeja reina, que la empuja a destruir a las jóvenes reinas, sus hijas, tan pronto como nacen, o a perecer ella misma en el combate; porque indudablemente esto es por el bien de la comunidad; y el amor maternal o el odio maternal —aunque este último sea por fortuna muy raro— vienen a ser lo mismo para los inexorables principios de la selección natural. Si admiramos los diversos ingeniosos artificios mediante los cuales las orquídeas y muchas otras plantas son fecundadas por la acción de los