cincuenta plantas con flores de Tierra del Fuego, que constituyen una parte nada despreciable de su escasa flora, son comunes a América del Norte y a Europa, por enormemente remotas que sean entre sí estas áreas situadas en hemisferios opuestos. En las altas montañas de la América ecuatorial se encuentra una multitud de especies peculiares pertenecientes a géneros europeos. En los Organ Mountains de Brasil, Gardner halló algunos pocos géneros templados europeos, algunos antárticos y otros andinos que no existen en las tierras bajas y cálidas intermedias. En la Silla de Caracas, el ilustre Humboldt encontró hace mucho tiempo especies pertenecientes a géneros característicos de la Cordillera.
En África, varias formas características de Europa, y unos pocos representantes de la flora del Cabo de Buena Esperanza, se encuentran en las montañas de Abisinia.
En el Cabo de Buena Esperanza se hallan unas pocas especies europeas, que se cree no han sido introducidas por el hombre, y en las montañas se encuentran varias formas europeas representativas que no han sido descubiertas en las partes intertropicales de África.
El Dr. Hooker también ha demostrado recientemente que varias de las plantas que viven en las partes altas de la elevada isla de Fernando Pó, y en los vecinos montes Camerún, en el golfo de Guinea, están estrechamente emparentadas con las de las montañas de Abisinia y, asimismo, con las de la Europa templada.
Ahora también resulta, según sé por el Dr. Hooker, que algunas de estas mismas plantas templadas han sido descubiertas por el reverendo R. T. Lowe en las montañas de las islas de Cabo Verde.
Esta extensión de las mismas formas templadas, casi bajo el ecuador, a través de todo el continente africano y hasta las montañas del archipiélago de Cabo Verde, es uno de los hechos más asombrosos jamás registrados en la distribución de las plantas.