de los granos de polen. Desde esta condición simple, que difiere muy poco de la de una multitud de flores comunes, existen infinitas gradaciones —hasta especies en las que la masa de polen termina en una caudícula muy corta y libre—, hasta otras en las que la caudícula queda firmemente unida a la materia viscosa, estando el estigma estéril muy modificado. En este último caso tenemos un polinio en su condición más altamente desarrollada y perfecta. Quien examine cuidadosamente por sí mismo las flores de las orquídeas no negará la existencia de la serie de gradaciones mencionada —desde una masa de granos de polen simplemente unidos por hilos, con el estigma difiriendo muy poco del de las flores ordinarias, hasta un polinio sumamente complejo, admirablemente adaptado para su transporte por los insectos—; ni negará tampoco que todas las gradaciones en las diversas especies están admirablemente adaptadas, en relación con la estructura general de cada flor, para su fertilización por diferentes insectos. En este, y en casi todos los demás casos, la investigación puede llevarse aún más atrás; y puede preguntarse cómo se volvió viscoso el estigma de una flor ordinaria, pero como no conocemos la historia completa de ningún grupo de seres, es tan inútil formular tales preguntas como desesperado intentar responderlas.
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VII. Objeciones diversas a la teoría de la selección natural
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