extintas y desconocidas, me ha asombrado cuán raramente puede mencionarse un órgano hacia el cual no se conozca ningún grado de transición. Es ciertamente verdad que los órganos nuevos que aparecen como si hubiesen sido creados para algún propósito especial rara vez o nunca surgen en ser alguno; como de hecho lo demuestra aquel viejo, aunque algo exagerado, canon de la historia natural de “Natura non facit saltum”. Nos encontramos con esta admisión en los escritos de casi todo naturalista experimentado; o, como lo ha expresado muy bien Milne Edwards: «La naturaleza es pródiga en variedad, pero avara en innovación». ¿Por qué, según la teoría de la Creación, habría de haber tanta variedad y tan poca novedad real? ¿Por qué todas las partes y órganos de muchos seres independientes, de los cuales se supone que cada uno ha sido creado por separado para su propio lugar adecuado en la naturaleza, habrían de estar tan comúnmente eslabonados mediante pasos graduados? ¿Por qué la naturaleza no habría de dar un salto repentino de una estructura a otra? Según la teoría de la selección natural, podemos comprender claramente por qué no debe hacerlo; pues la selección natural actúa únicamente aprovechando pequeñas variaciones sucesivas; nunca puede dar un salto grande y repentino, sino que debe avanzar mediante pasos cortos y seguros, aunque lentos.
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Dificultades especiales de la teoría de la selección natural
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