lucha por la vida habrá sido menos rigurosa, y habrá habido menos modificación y menos exterminio. De ahí que podamos comprender cómo es que la flora de Madeira, según Oswald Heer, se asemeja hasta cierto punto a la flora terciaria extinta de Europa. Todas las cuencas de agua dulce, tomadas en conjunto, forman un área pequeña en comparación con la del mar o la de la tierra. En consecuencia, la competencia entre las producciones de agua dulce habrá sido menos rigurosa que en otras partes; las formas nuevas se habrán producido más lentamente, y las antiguas se habrán exterminado más despacio. Y es en las cuencas de agua dulce donde encontramos siete géneros de peces ganoideos, vestigios de un orden antaño preponderante; y en el agua dulce hallamos algunas de las formas más anómalas que se conocen hoy en el mundo, como el Ornithorhynchus y el Lepidosiren, los cuales, al igual que los fósiles, conectan hasta cierto punto órdenes actualmente muy separados en la escala natural. Estas formas anómalas pueden llamarse fósiles vivientes; han perdurado hasta el día de hoy por haber habitado un área confinado y por haber estado expuestas a una competencia menos variada y, por tanto, menos rigurosa.
En resumen, hasta donde lo permite la extrema intrincacidad del tema, las circunstancias favorables y desfavorables para la producción de nuevas especies mediante la selección natural. Concluyo que, para las producciones terrestres, una gran área continental que haya experimentado muchas oscilaciones de nivel habrá sido la más favorable para la producción de muchas nuevas formas de vida, adaptadas para perdurar durante mucho tiempo y para extenderse ampliamente. * Mientras el área existió como continente, los habitantes habrán sido numerosos en individuos y especies, y habrán estado sometidos a una intensa