Tenemos prueba de esto en los hechos expuestos en el segundo capítulo, que muestran que son las especies comunes y difundidas o dominantes las que ofrecen el mayor número de variedades registradas. De ahí que las especies raras sean modificadas o mejoradas menos rápidamente dentro de cualquier período dado; serán consecuentemente vencidas en la lucha por la vida por los descendientes modificados y mejorados de las especies más comunes.
De estas diversas consideraciones creo que se sigue inevitablemente que, a medida que en el curso del tiempo se forman nuevas especies mediante la selección natural, otras se van volviendo cada más raras y, finalmente, se extienden. Las formas que se encuentran en competencia más directa con aquellas que sufren modificación y mejora serán naturalmente las que más sufran. Y hemos visto en el capítulo sobre la Lucha por la Existencia que son las formas más estrechamente emparentadas —variedades de la misma especie y especies del mismo género o de géneros afines— las que, por tener casi la misma estructura, constitución y hábitos, entran por lo general en la competencia más severa entre sí. En consecuencia, cada nueva variedad o especie, durante el progreso de su formación, presionará por regla general con más fuerza sobre sus parientes más cercanos y tenderá a exterminarlos. Vemos el mismo proceso de exterminio entre nuestras producciones domesticadas, mediante la selección de formas mejoradas por el hombre. Podrían ofrecerse muchos ejemplos curiosos que muestran cuán rápidamente las nuevas razas de ganado vacuno, lanar y otros animales, y las variedades de flores, ocupan el lugar de las clases más antiguas e inferiores. En Yorkshire consta históricamente que el antiguo ganado negro fue desplazado por el de cuernos largos, y que este «fue barrido por el de cuernos cortos» (cito las palabras de un escritor agrícola) «como por una pestilencia asesina».