Sin embargo, puede dudarse de si, en alguna parte del mundo, los depósitos sedimentarios, incluidos los restos fósiles, han continuado acumulándose dentro de la misma área durante todo este periodo. No es probable, por ejemplo, que los sedimentos se depositaran durante todo el periodo glacial cerca de la desembocadura del Misisipi, dentro de aquel límite de profundidad en el que los animales marinos pueden prosperar mejor: pues sabemos que grandes cambios geográficos ocurrieron en otras partes de América durante este lapso de tiempo. Cuando los lechos que se depositaron en aguas poco profundas cerca de la desembocadura del Misisipi durante alguna parte del periodo glacial sean elevados, los restos orgánicos probablemente aparecerán y desaparecerán primero en diferentes niveles, debido a las migraciones de las especies y a los cambios geográficos. Y en el futuro distante, un geólogo que examine estos lechos se sentiría tentado a concluir que la duración media de la vida de los fósiles incrustados ha sido menor que la del periodo glacial, en lugar de haber sido en realidad mucho mayor, es decir, extendiéndose desde antes de la época glacial hasta el día de hoy.
Para conseguir una gradación perfecta entre dos formas en las partes superior e inferior de una misma formación, el depósito debió de ir acumulándose continuamente durante un largo período, suficiente para el lento proceso de modificación; por tanto, el depósito debe de ser muy espeso, y la especie sujeta a cambio debió de haber vivido en el mismo distrito durante todo ese tiempo. Pero hemos visto que una formación espesa, fosilifera en todo su espesor, solo puede acumularse durante un período de subsidencia; y para mantener la profundidad aproximadamente igual, lo cual es necesario para que las mismas especies marinas puedan vivir en el mismo espacio, el aporte de sedimento debe contrarrestar casi exactamente la magnitud de la subsidencia.