formas nuevas y estarían expuestas a condiciones físicas algo diferentes; de ahí que serían sumamente proclives a la modificación y en la actualidad existirían por lo general como variedades o como especies representativas; y este es el caso. Debemos también tener presente la aparición en ambos hemisferios de anteriores periodos glaciales; pues estos explicarán, de acuerdo con los mismos principios, las muchas especies bastante distintas que habitan en estas mismas áreas tan separadas y que pertenecen a géneros que hoy no se encuentran en las zonas tórridas intermedias.
Es un hecho notable, en el que insistieron con fuerza Hooker respecto a América y Alph. de Candolle respecto a Australia, que muchas más especies idénticas o ligeramente modificadas han migrado del norte hacia el sur que en dirección opuesta. Vemos, sin embargo, algunas formas australes en las montañas de Borneo y Abisinia. Sospecho que esta migración predominante del norte al sur se debe a la mayor extensión de tierra en el norte, y a que las formas septentrionales han existido en sus propios hogares en mayor número y, en consecuencia, han sido impulsadas por la selección natural y la competencia hacia un estadio superior de perfección, o poder dominante, que las formas australes. Y así, cuando ambos grupos se mezclaron en las regiones ecuatoriales, durante las alternancias de los periodos glaciales, las formas septentrionales fueron las más poderosas y pudieron mantener sus puestos en las montañas y posteriormente migrar hacia el sur junto con las formas australes; pero no ocurrió así con las australes respecto a las septentrionales. Del mismo modo, en la actualidad, vemos que una gran cantidad de producciones europeas cubren el suelo en La Plata, en Nueva Zelanda y, en menor medida, en Australia, y han vencido a los nativos; mientras que