dentro de cada porción aislada de la tierra, pero estos eslabones, durante el proceso de selección natural, habrán sido suplantados y exterminados, de modo que ya no se encontrarán en estado vivo.
En tercer lugar, cuando se han formado dos o más variedades en distintas porciones de un área estrictamente continua, es probable que al principio se hayan formado variedades intermedias en las zonas intermedias, pero por lo general habrán tenido una corta duración.
Pues estas variedades intermedias, por razones ya asignadas (a saber, por lo que sabemos de la distribución real de las especies estrechamente emparentadas o representativas, y asimismo de las variedades reconocidas), existirán en las zonas intermedias en menor número que las variedades a las que tienden a conectar.
Tan solo por esta causa, las variedades intermedias estarán expuestas a una exterminación accidental; y durante el proceso de una mayor modificación mediante la selección natural, casi con certeza serán vencidas y suplantadas por las formas que conectan; pues estas, al existir en mayor número, presentarán en conjunto más variedades y, por lo tanto, serán más mejoradas mediante la selección natural y obtendrán mayores ventajas.
Por último, sin mirar a ningún tiempo en particular, sino a todos los tiempos, si mi teoría es verdadera, sin duda debieron de haber existido innumerables variedades intermedias que unieran estrechamente todas las especies de un mismo grupo; pero el propio proceso de selección natural tiende constantemente, como ya se ha señalado tantas veces, a exterminar a las formas progenitoras y a los eslabones intermedios.
En consecuencia, solo podrían encontrarse pruebas de su existencia pasada entre los restos fósiles, los cuales se conservan, como intentaremos demostrar en un capítulo futuro, en un registro sumamente imperfecto e intermitente.