Autores de la más alta eminencia parecen estar plenamente satisfechos con la idea de que cada especie ha sido creada de manera independiente. A mi parecer, concuerda mejor con lo que sabemos de las leyes impresas en la materia por el Creador que la producción y extinción de los habitantes pasados y presentes del mundo se hayan debido a causas secundarias, semejantes a las que determinan el nacimiento y la muerte del individuo. Cuando considero a todos los seres no como creaciones especiales, sino como los descendientes directos de unos pocos seres que vivieron mucho antes de que se depositara el primer lecho del sistema cámbrico, me parece que se ennoblecen. A juzgar por el pasado, podemos inferir con seguridad que ni una sola especie viva transmitirá su semejanza inalterada a un futuro distante. Y de las especies que ahora viven, muy pocas transmitirán descendencia de clase alguna a un futuro muy lejanos; pues la manera en que todos los seres orgánicos están agrupados muestra que el mayor número de especies de cada género, y todas las especies de muchos géneros, no han dejado descendientes, sino que se han extinguido por completo. Podemos echar una ojeada profética hacia el porvenir hasta el punto de predecir que serán las especies comunes y de amplia difusión, pertenecientes a los grupos más grandes y dominantes dentro de cada clase, las que en última instancia prevalecerán y procrearán especies nuevas y dominantes. Como todas las formas vivas de vida son descendientes directos de aquellas que vivieron mucho antes de la época cámbrica, podemos tener la certeza de que la sucesión ordinaria por generación no se ha interrumpido ni una sola vez, y que ningún cataclismo ha desolado el mundo entero. De ahí que podamos mirar con cierta confianza hacia un
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