en absoluto para trepar, que es el punto que nos concierne. No obstante, podemos ver que si los tallos de estas plantas hubiesen sido flexibles, y si bajo las condiciones a las que están expuestas les hubiera beneficiado ascender a cierta altura, entonces el hábito de girar ligera e irregularmente podría haber sido incrementado y utilizado a través de la selección natural, hasta haberse convertido en especies volubles bien desarrolladas.
Con respecto a la sensibilidad de los pecíolos de las hojas y de las flores, y de los zarcillos, son aplicables casi las mismas observaciones que en el caso de los movimientos giratorios de las plantas trepadoras.
Como un vasto número de especies, pertenecientes a grupos ampliamente distintos, están dotadas de este tipo de sensibilidad, debería encontrarse en condición incipiente en muchas plantas que no se han vuelto trepadoras. Este es el caso: observé que los pedúnculos florales jóvenes de la Maurandia antes mencionada se curvaban un poco hacia el lado que era tocado.
Morren descubrió en varias especies de Oxalis que las hojas y sus pecíolos se movían, especialmente tras la exposición a un sol intenso, cuando eran tocados suave y repetidamente, o cuando se sacudía la planta. Repetí estas observaciones en algunas otras especies de Oxalis con el mismo resultado; en algunas de ellas el movimiento era claro, pero se apreciaba mejor en las hojas jóvenes; en otras era extremadamente leve.
Es un hecho más importante el que, según la gran autoridad de Hofmeister, los brotes y hojas jóvenes de todas las plantas se mueven después de ser sacudidos; y en las plantas trepadoras, como sabemos, solo durante las primeras etapas de crecimiento los pecíolos y los zarcillos son sensibles.
Apenas es posible que los ligeros movimientos anteriores, debidos a un roce o sacudida en los órganos jóvenes y en crecimiento de las plantas, puedan revestir alguna importancia funcional para ellas.