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nydus/The Origin of SpeciesPublic
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XI

intermitentes; por consiguiente, la cantidad de cambio orgánico que muestran los fósiles incrustados en formaciones consecutivas no es igual. Cada formación, según este punto de vista, no marca un acto de creación nuevo y completo, sino tan solo una escena ocasional, tomada casi al azar, en un drama que cambia lenta e incessantemente.

Podemos comprender claramente por qué una especie, una vez perdida, nunca debería reaparecer, incluso si volviesen a darse las mismas condiciones de vida, orgánicas e inorgánicas. Pues aunque la descendencia de una especie pudiera estar adaptada (y no cabe duda de que esto ha ocurrido en innumerables ocasiones) para ocupar el lugar de otra especie en la economía de la naturaleza, y así suplantarla; aun así, las dos formas —la antigua y la nueva— no serían idénticas; ya que ambas casi con certeza heredarían caracteres distintos de sus progenitores diferentes, y los organismos que ya difieren variarían de un modo distinto. Por ejemplo, es posible que, si todos nuestros palomos colipavos fuesen destruidos, los criadores pudieran crear una nueva raza apenas distinguible de la actual; pero si el palomo bravío original fuese destruido asimismo —y en la naturaleza tenemos todas las razones para creer que las formas progenitoras son generalmente suplantadas y exterminadas por su descendencia mejorada—, es increíble que un colipavo, idéntico a la raza existente, pudiera obtenerse a partir de cualquier otra especie de paloma, o incluso de cualquier otra raza bien establecida de paloma doméstica, pues las variaciones sucesivas serían casi con certeza en algún grado diferentes, y la variedad recién formada probablemente heredaríade su progenitor algunas diferencias características.

Grupos de especies, es decir, géneros y familias, siguen las mismas reglas generales en su aparición y desaparición que las especies individuales, cambiando más o menos rápidamente, y en mayor o menor grado. Un grupo, una vez que ha desaparecido, nunca reaparece; es decir, su

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