de alimento. Que los individuos de la misma especie difieren a menudo levemente en las longitudes relativas de todas sus partes puede verse en muchas obras de historia natural, en las cuales se dan mediciones cuidadosas. Estas ligeras diferencias proporcionales, debidas a las leyes del crecimiento y de la variación, no son de la más mínima utilidad o importancia para la mayoría de las especies. Pero habrá ocurrido de otro modo con la jirafa en gestación, considerando sus probables hábitos de vida; pues aquellos individuos que tenían alguna parte o varias partes de su cuerpo algo más alargadas de lo habitual habrían sobrevivido por lo general. Estos se habrán cruzado y habrán dejado descendencia, ya sea heredando las mismas peculiaridades corporales, o con una tendencia a variar nuevamente de la misma manera; mientras que los individuos menos favorecidos en los mismos aspectos habrán sido los más propensos a perecer.
Vemos aquí que no hay necesidad de separar parejas individuales, como hace el hombre cuando mejora metódicamente una raza: la selección natural preservará y así aislará a todos los individuos superiores, permitiéndoles cruzarse libremente entre sí, y destruirá a todos los individuos inferiores.
Por este proceso continuado durante largo tiempo, que corresponde exactamente a lo que he llamado selección inconsciente por parte del hombre, combinada, sin duda, de una manera sumamente importante con los efectos hereditarios del uso incrementado de las partes, me parece casi seguro que un cuadrúpedo ungulado común podría ser convertido en una jirafa.
A esta conclusión, el señor Mivart presenta dos objeciones. Una es que el mayor tamaño del cuerpo requeriría obviamente un mayor suministro de alimento, y considera «muy problemático que las desventajas de ello