cansadas, por lo que el contenido de sus buches desgarrados podría dispersarse así fácilmente. Algunos halcones y búhos tragan a sus presas enteras y, tras un intervalo de doce a veinte horas, regurgitan egagrópilas que, como sé por experimentos realizados en los Jardines Zoológicos, incluyen semillas capaces de germinar. Algunas semillas de avena, trigo, mijo, alpiste, cáñamo, trébol y remolacha germinaron después de haber estado de doce a veintiuna horas en los estómagos de distintas aves de presa; y dos semillas de remolacha crecieron tras haber sido retenidas de este modo durante dos días y catorce horas. Los peces de agua dulce, según he comprobado, comen semillas de muchas plantas terrestres y acuáticas; los peces son devorados frecuentemente por las aves y, de este modo, las semillas podrían ser transportadas de un lugar a otro. Introduje a la fuerza muchas clases de semillas en los estómagos de peces muertos y luego di sus cuerpos a pigargos, cigüeñas y pelícanos; estas aves, tras un intervalo de muchas horas, o bien rechazaron las semillas en egagrópilas o las expusieron en sus excrementos; y varias de estas semillas conservaron el poder de germinar. Ciertas semillas, sin embargo, siempre resultaban destruidas por este proceso.
A veces, las langostas son arrastradas por el viento a grandes distancias de la costa. Yo mismo atrapé una a 370 millas de la costa de África, y he sabido de otras capturadas a mayores distancias. El reverendo R. T. Lowe le informó a sir C. Lyell que en noviembre de 1844, enjambres de langostas visitaron la isla de Madeira. Eran de un número incalculable, tan densas como los copos de nieve en la tormenta más intensa, y se extendían hacia arriba tanto como se podía divisar con un telescopio. Durante dos o tres días giraron lentamente una y otra vez en una inmensa elipse, de al menos cinco o seis millas de diámetro, y por