plumaje nupcial de muchas aves y en las mandíbulas ganchudas del salmón macho. Tenemos incluso ligeras diferencias en los cuernos de distintas razas de ganado vacuno en relación con un estado artificialmente imperfecto del sexo masculino; pues los bueyes de ciertas razas tienen los cuernos más largos que los bueyes de otras razas, en relación con la longitud de los cuernos tanto en los toros como en las vacas de esas mismas razas. Por consiguiente, no veo gran dificultad en que cualquier carácter llegue a correlacionarse con la condición estéril de ciertos miembros de las comunidades de insectos; la dificultad estriba en comprender cómo tales modificaciones correlacionadas de estructura pudieron haber sido acumuladas lentamente por la selección natural.
Esta dificultad, aunque parece insuperable, se atenúa o, como creo, desaparece cuando se recuerda que la selección puede aplicarse a la familia tanto como al individuo, y puede así alcanzar el fin deseado. Los criadores de ganado desean que la carne y la grasa estén bien veteadas. Un animal con esta característica ha sido sacrificado, pero el criador ha acudido con confianza al mismo hacedero y ha tenido éxito. Tal fe puede depositarse en el poder de la selección que una raza de ganado que produzca siempre bueyes con cuernos extraordinariamente largos podría, probablemente, formarse observando cuidadosamente qué toros y vacas individuales, al ser aparejados, producían los bueyes con los cuernos más largos; y, sin embargo, ningún buey habría propagado jamás su propia casta. He aquí un ejemplo mejor y real: según el señor Verlot, algunas variedades del alhelí doble anual, por haber sido seleccionada larga y cuidadosamente en el grado correcto, producen siempre una gran proporción de simientes que dan flores dobles y totalmente estériles, pero también producen algunas plantas simples y fértiles. Estas últimas,