Al trazar las homologías de cualquier parte en los diferentes miembros de una misma clase, nada es más común ni, para comprender plenamente las relaciones de las partes, más útil que el descubrimiento de rudimentos. Esto se muestra bien en los dibujos dados por Owen de los huesos de las patas del caballo, el buey y el rinoceronte.
Es un hecho importante que los órganos rudimentarios, tales como los dientes en las mandíbulas superiores de las ballenas y los rumiantes, a menudo pueden detectarse en el embrión, pero después desaparecen por completo.
También es, según creo, una regla universal que una parte rudimentaria es de mayor tamaño en el embrión, en relación con las partes contiguas, que en el adulto; de modo que el órgano a esta temprana edad es menos rudimentario, o incluso no puede decirse que sea rudimentario en ningún grado.
De ahí que a menudo se diga que los órganos rudimentarios en el adulto han retenido su condición embrionaria.
He expuesto ya los principales hechos relativos a los órganos rudimentarios. Al reflexionar sobre ellos, cualquiera ha de sentirse lleno de asombro, pues el mismo poder de razonamiento que nos dice que la mayoría de las partes y órganos están exquisitamente adaptados para ciertos fines, nos dice con igual claridad que estos órganos rudimentarios o atrofiados son imperfectos e inútiles. En las obras de historia natural suele decirse que los órganos rudimentarios fueron creados «por razones de simetría», o bien para «completar el plan de la naturaleza». Pero esto no es una explicación, sino una mera reformulación del hecho. Tampoco es coherente consigo misma: así, la boa constrictor posee rudimentos de extremidades