Tenemos pruebas claras al respecto en las plantas que son dominantes, es decir, las que son más comunes y están más ampliamente diseminadas, ya que producen el mayor número de nuevas variedades. También es natural que las especies dominantes, variables y de amplia dispersión, que ya han invadido en cierta medida los territorios de otras especies, sean las que tengan mejores posibilidades de extenderse aún más y de dar origen en nuevos países a otras nuevas variedades y especies. El proceso de difusión sería a menudo muy lento, dependiendo de los cambios climáticos y geográficos, de extraños accidentes y de la aclimatación gradual de las nuevas especies a los diversos climas por los que tendrían que pasar, pero con el tiempo las formas dominantes por lo general lograrían extenderse y acabarían prevaleciendo. Es probable que la difusión sea más lenta en el caso de los habitantes terrestres de continentes distintos que en el de los habitantes marinos del mar continuo. Por consiguiente, cabría esperar encontrar, como de hecho encontramos, un grado menor de rigurosidad en el paralelismo de la sucesión de las producciones terrestres que en las marinas.
Así, según me parece, la sucesión paralela y, tomada en un sentido amplio, simultánea, de las mismas formas de vida en todo el mundo, concuerda bien con el principio de que las nuevas especies se han formado mediante la expansión y variación de especies dominantes; siendo las nuevas especies así producidas dominantes a su vez, debido a que poseían alguna ventaja sobre sus progenitores, ya de por sí dominantes, así como sobre otras especies; y expandiéndose, variando y produciendo nuevas formas nuevamente. Las formas antiguas que son vencidas y ceden sus lugares a las formas nuevas y victoriosas, por lo general estarán emparentadas en grupos, por