los pueblos y pequeñas ciudades he encontrado los nidos de abejorros más numerosos que en cualquier otra parte, lo cual atribuyo al número de gatos que destruyen los ratones». ¡De ahí que sea perfectamente creíble que la presencia de un animal felino en gran número en un distrito pueda determinar, a través de la intervención primero de los ratones y luego de las abejas, la frecuencia de ciertas flores en dicho distrito!
En el caso de cada especie, muchos frenos diferentes, que actúan en distintos períodos de la vida y durante diversas estaciones o años, entran probablemente en juego; siendo por lo general uno o unos pocos frenos los más potentes, pero todos concurrirán a determinar el número medio, o incluso la existencia de la especie.
En algunos casos puede demostrarse que frenos muy diferentes actúan sobre la misma especie en distintas comarcas.
Cuando contemplamos las plantas y arbustos que cubren un talud enmarañado, sentimos la tentación de atribuir su número proporcional y sus especies a lo que llamamos azar.
¡Pero cuán falsa es esta opinión! Todo el mundo ha oído decir que cuando se tala un bosque americano, brota una vegetación muy diferente; pero se ha observado que las antiguas ruinas indígenas del sur de Estados Unidos, que antiguamente debieron de ser despojadas de árboles, muestran ahora la misma hermosa diversidad y proporción de especies que los bosques vírgenes circundantes.
¡Qué lucha debió de librarse durante largos siglos entre las diversas clases de árboles, cada uno de los cuales esparcía anualmente sus semillas por millares; qué guerra entre insecto e insecto —entre insectos, caracoles y otros animales con las aves y las fieras de presa—, todos esforzándose por aumentar, todos alimentándose mutuamente, o de los árboles, de sus semillas y brotes, o de las otras plantas que cubrieron primero el terreno y frenaron así el crecimiento de los árboles!