El hábito es hereditario en las plantas, como en el período de floración, en la época del sueño, en la cantidad de lluvia requerida para que las semillas germinen, etc., y esto me lleva a decir algunas palabras sobre la aclimatación. Como es extremadamente común que distintas especies pertenecientes al mismo género habiten en países cálidos y fríos, si es verdad que todas las especies del mismo género descienden de una sola forma progenitora, la aclimatación debe efectuarse fácilmente durante un largo curso de descendencia. Es sabido que cada especie está adaptada al clima de su propio hogar: las especies de una región ártica o incluso templada no pueden soportar un clima tropical, o viceversa. Así también, muchas plantas suculentas no pueden soportar un clima húmedo. Pero el grado de adaptación de las especies a los climas bajo los cuales viven suele estar sobrevalorado. Podemos deducir esto por nuestra frecuente incapacidad para predecir si una planta importada resistirá o no nuestro clima, y por el número de plantas y animales traídos de diferentes países que aquí se encuentran perfectamente sanos. Tenemos razones para creer que las especies en estado natural están estrechamente limitadas en sus áreas de distribución por la competencia de otros seres orgánicos tanto o más que por la adaptación a climas particulares. Pero, ya sea que esta adaptación sea o no muy estrecha en la mayoría de los casos, tenemos pruebas, en unas pocas plantas, de que llegan a habituarse de manera natural, hasta cierto punto, a diferentes temperaturas; es decir, se aclimatan:
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Aclimatación
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