las estrellas de mar y los ganchos de los ofiuros, otro grupo de los equinodermos; y, de nuevo, entre las pedicelarias de los erizos de mar y las áncoras de las holoturias, pertenecientes también a la misma gran clase.
Ciertos animales compuestos, o zoófitos, como se los ha llamado, a saber, los poli(zo)os, están provistos de unos órganos curiosos llamados avicularios.
Estos difieren mucho en estructura según las distintas especies. En su condición más perfecta se asemejan curiosamente a la cabeza y el pico de un buitre en miniatura, asentados sobre un cuello y capaces de movimiento, al igual que la mandíbula inferior.
En una especie observada por mí, todos los avicularios de una misma rama se movían a menudo de forma simultánea hacia atrás y hacia adelante, con la mandíbula inferior ampliamente abierta, en un ángulo de unos 90 grados, en el transcurso de cinco segundos; y su movimiento hacía temblar a todo el polizario.
Cuando se tocan las mandíbulas con una aguja, estas la sujetan con tanta firmeza que de este modo se puede sacudir la rama.