humor. * Jo se había quemado la piel de la nariz haciendo bote y tenía un dolor de cabeza atroz por haber leído demasiado. * A Beth la preocupaban el desorden de su armario y la dificultad de aprender tres o cuatro canciones a la vez; y Amy lamentaba profundamente los daños sufridos por su vestido, pues la fiesta de Katy Brown sería al día siguiente y ahora, al igual que Flora McFlimsey, no tenía «nada que ponerse». Pero no eran más que minucias; y le aseguraron a su madre que el experimento estaba funcionando de maravilla. Ella sonrió, no dijo nada y, con la ayuda de Hannah, hizo el trabajo que habían descuidado, manteniendo el hogar agradable y la maquinaria doméstica
Era asombroso qué estado de cosas tan peculiar e incómodo producía el proceso de «descansar y regocijarse».
Los días seguían haciéndose cada vez más largos; el tiempo era inusualmente variable, al igual que los genios; un sentimiento de inestabilidad se apoderaba de todos, y Satanás hallaba un montón de travesuras para que las manos ociosas hicieran.
Como la cumbre del lujo, Meg mandó a hacer parte de su costura fuera, y luego descubrió que el tiempo se le hacía tan pesado que se puso a recortar y arruinar su propia ropa en sus intentos por arreglarla à la Moffat. Jo leyó hasta que se le cansaron los ojos y se hartó de los libros; se puso tan inquieta que hasta el bondadoso Laurie se peleó con ella, y estaba tan deprimida que deseaba desesperadamente haberse ido con la tía March. Beth se apañaba bastante bien, pues olvidaba constantemente que todo iba a ser jugar y no trabajar, y de vez en cuando volvía a sus viejas costumbres; pero algo en el ambiente la afectaba y, más de una vez, su tranquilidad