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nydus/Little WomenPublic
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XII. Camp Laurence

de par en par la puerta del salón malva, se disponía a entrar cuando recibió...»

—Un golpe tremendo con el gran diccionario de griego que un viejito con toga negra le arrojó —dijo Ned.

—Al instante, el caballero fulano de tal se recuperó, tiró al tirano por la ventana y se volvió para unirse a la dama, victorioso, pero con un chichón en la frente; encontró la puerta cerrada con llave, arrancó las cortinas, hizo una escala de cuerda, iba a mitad de camino cuando la escala se rompió y cayó de cabeza al foso, a sesenta pies de altura. Nadaba como un pato, dio la vuelta al castillo nadando hasta llegar a una pequeña puerta vigilada por dos tipos robustos; chocó sus cabezas hasta que crujieron como un par de nueces y luego, mediante un leve esfuerzo de su fuerza prodigiosa, reventó la puerta, subió por un tramo de escaleras de piedra cubiertas con un pie de polvo, sapos del tamaño de un puño y arañas que la habrían asustado hasta el paroxismo, señorita March. Al llegar a lo alto de estas escaleras, se topó de golpe con una visión que le cortó la respiración y le heló la sangre...

“Una figura alta, toda de blanco con un velo sobre el rostro y una lámpara en la mano demacrada —continuó Meg—. Hizo una señal, deslizándose silenciosamente delante de él por un pasillo tan oscuro y frío como cualquier tumba.

Sombrías efigies con armadura se erguían a ambos lados, reinaba un silencio sepulcral, la lámpara ardía con llama azul y la figura fantasmal de vez en cuando volvía el rostro hacia él, dejando ver el brillo de unos ojos terribles a través de su velo blanco.

Llegaron a una puerta con cortinas, tras la cual sonaba una música preciosa; él se precipitó hacia adelante para entrar, pero el espectro lo retuvo tirando de él y agitó amenazadoramente ante sus ojos un⁠—”

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