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nydus/Little WomenPublic
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XLV. Daisy y Demi

“Luego iremos a comernos todas las pasas”.

La tía Dodo era la compañera de juegos principal y confidente de ambos niños, y el trío puso la casita patas arriba. La tía Amy era aún solo un nombre para ellos, la tía Beth pronto se desvaneció hasta convertirse en un recuerdo agradablemente vago, pero la tía Dodo era una realidad viviente, y la aprovecharon al máximo, un cumplido por el cual ella estaba profundamente agradecida.

Pero cuando llegó el señor Bhaer, Jo descuidó a sus compañeros de juegos, y la consternación y la desolación cayeron sobre sus pequeñas almas.

  • Daisy, a quien le gustaba andar vendiendo besos a domicilio, perdió a su mejor cliente y se quedó en bancarrota;
  • Demi, con infantil penetración, pronto descubrió que a Dodo le gustaba jugar con «el hombre-oso» más que con él;

pero, aunque herido, ocultó su angustia, pues no tenía el valor de insultar a un rival que guardaba una mina de gotitas de chocolate en el bolsillo del chaleco y un reloj que podía sacarse de su estuche y ser sacudido libremente por admiradores fervorosos.

Ciertas personas habrían podido considerar estas gratas libertades como sobornos; pero Demi no lo veía de ese modo, y continuó dispensando su favor al «hombre-oso» con pensativa afabilidad, mientras Daisy le entregaba sus pequeños afectos a la tercera visita y consideraba que el hombro de él era su trono, su brazo su refugio y sus obsequios, tesoros de valor insuperable.

A los caballeros les dan a veces repentinos ataques de admiración por las jóvenes parientes de las damas a quienes honran con su afecto; pero este

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