Laurie Makes Mischief, and Jo Makes Peace
El rostro de Jo era todo un poema al día siguiente, pues el secreto le pesaba bastante, y le resultaba difícil no parecer misteriosa e importante.
Meg lo observó, pero no se molestó en hacer preguntas, ya que había aprendido que la mejor manera de lidiar con Jo era aplicando la ley de los contrarios, por lo que estaba segura de que se lo contarían todo si no preguntaba.
Le sorprendió bastante, por tanto, que el silencio se mantuviera y Jo adoptara un aire condescendiente, lo que irritó decididamente a Meg, quien a su vez adoptó un aire de reserva digna y se dedicó por entero a su madre.
Esto dejó a Jo a su libre albedrío, pues la señora March había tomado su lugar como enfermera y le había mandado descansar, hacer ejercicio y divertirse tras su largo encierro. Como Amy no estaba, Laurie era su único refugio y, por mucho que disfrutara de su compañía, le temía un poco en ese momento, ya que era un bromista incorregible y temía que le arrancara el secreto.
Tenía toda la razón, pues el muchacho, amante de las travesuras, no bien sospechó que había un misterio, se propuso descubrirlo y le hizo la vida imposible a Jo.