El diario de Jo
“Nueva York, noviembre. “Queridas Marmee y Beth— “Voy a escribiros un auténtico volumen, pues tengo un montón de cosas que contar, aunque no sea una fina señorita viajando por el continente. Cuando perdí de vista el querido viejo rostro de papá, me puse un tanto melancólica, y puede que hubiera derramado una o dos lágrimas saladas, si una señora irlandesa con cuatro niños pequeños, todos llorando más o menos, no me hubiera distraído; pues me entretuve tirando galletas de jengibre por encima del asiento cada vez que abrían la boca para berrear. “Pronto salió el sol y, tomándolo como un buen augurio, yo también me despejé y disfruté de mi viaje con todo el corazón. “La señora Kirke me recibió con tanta amabilidad que me sentí como en casa enseguida, incluso en aquella gran casa llena de desconocidos. Me dio una buhardilla la mar de graciosa —todo lo que tenía—, pero hay una estufa en ella y una bonita mesa junto a una ventana soleada, así que puedo sentarme aquí a escribir siempre que quiera. Unas vistas hermosas y la torre de una iglesia enfrente compensan los muchos escalones, y mi guarida me