“haremos venir al doctor Bangs, tan solo para que te eche un vistazo, cariño, y se asegure de que empezamos bien; luego mandaremos a Amy a casa de la tía March, por un tiempo, para mantenerla a salvo, y una de vosotras, chicas, podrá quedarse en casa y entretener a Beth durante un día o
—Me quedaré, por supuesto; soy la mayor —comenzó Meg, con aire de preocupación y remordimiento.
—Lo haré, porque es culpa mía que esté enferma; le dije a mamá que haría los recados y no los hice —dijo Jo con decisión.
—¿Cuál vas a querer, Beth? No hace falta más que uno —dijo Hannah.
—Jo, por favor; —y Beth apoyó la cabeza contra su hermana con una mirada de satisfacción que zanjó definitivamente la cuestión.
—Iré a decírselo a Amy —dijo Meg, sintiéndose un poco herida, aunque bastante aliviada, al fin y al cabo, pues no le gustaba cuidar enfermos y a Jo sí.
Amy se rebeló abiertamente, y declaró con pasión que prefería tener la fiebre antes que ir a casa de la tía March. Meg razonó, suplicó y ordenó: todo en vano. Amy protestó diciendo que no iría; y Meg la dejó desesperada, para preguntarle a Hannah qué debía hacer. Antes de que regresara, Laurie entró en la sala y encontró a Amy sollozando, con la cabeza enterrada en los cojines del sofá. Ella le contó su historia, esperando ser consolada; pero Laurie solo se metió las manos en los bolsillos y caminó por la habitación, silbando bajito, mientras fruncía el ceño en profunda reflexión. Al poco rato se sentó a su lado y le dijo, con su tono más persuasivo: