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nydus/Little WomenPublic
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XI. Experiments

“Sí; pero yo no sé gran cosa, excepto hacer pan y algunas nifarias. Más harías en pedirle permiso a mamá antes de encargar nada —replicó Meg con prudencia”.

—Por supuesto que lo haré; no soy ninguna tonta —y Jo se fue hecha una furia ante las dudas expresadas sobre sus capacidades.

—Coge lo que quieras y no me molestues; voy a salir a cenar y no puedo preocuparme por las cosas de la casa —dijo la señora March cuando Jo le habló—. Nunca me ha gustado llevar la casa, y hoy voy a tomarme unas vacaciones para leer, escribir, ir de visitas y divertirme.

El insólito espectáculo de su ajetreada madre meciéndose cómodamente y leyendo temprano por la mañana hizo que Jo sintiera como si hubiera ocurrido algún fenómeno natural, pues un eclipse, un terremoto o una erupción volcánica apenas le habrían parecido más extraños.

—Algo anda mal, de algún modo —se dijo a sí misma, bajando las escaleras—. Ahí está Beth llorando; esa es una clara señal de que algo le pasa a esta familia. Si Amy está molestando, la voy a sacudir.

Sintiéndose muy desganada ella misma, Jo se apresuró a entrar en el salón para encontrar a Beth sollozando sobre Pip, el canario, que yacía muerto en la jaula, con sus pequeñas garras patéticamente extendidas, como si implorara la comida por cuya falta había muerto.

—Todo es culpa mía; me olvidé de él; no queda ni una semilla ni una gota. ¡Ay, Pip! ¡Ay, Pip! ¿Cómo pude ser tan cruel contigo? —exclamó Beth, tomando al pobrecito entre sus manos e intentando reanimarlo.

Jo se asomó a su ojo entreabierto, le sintió el coranzoncito y, al encontrarlo tieso y frío, meneó la cabeza y ofreció su caja de dominó para usarla de ataúd.

—Métanlo al horno, y tal vez entre en calor y resucite —dijo Amy con esperanza.

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