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nydus/Little WomenPublic
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XXXVIII. En la repisa

bienestar y amor familiar. Hasta la alegre Sallie Moffatt disfrutaba yendo allí. > «Aquí siempre se está tan tranquila y a gusto; me hace bien, Meg», solía decir, mirando a su alrededor con ojos nostálgicos, como si intentara descubrir el encanto para poder aplicarlo en su gran mansión, llena de una espléndida soledad; porque allí no había bebés alborotados de rostros risueños, y Ned vivía en su propio mundo, donde no había lugar para

Esta felicidad doméstica no llegó de golpe, pero John y Meg habían encontrado la llave, y cada año de vida conyugal les enseñaba a usarla, abriendo los tesoros del verdadero amor de hogar y la ayuda mutua, que los más pobres pueden poseer y los más ricos no pueden comprar.

Este es el tipo de repisa en el cual las jóvenes esposas y madres pueden aceptar ser colocadas, a salvo de la inquieta zozobra y la fiebre del mundo, encontrando amantes leales en los pequeños hijos e hijas que se aferran a ellas, sin dejarse intimidar por la tristeza, la pobreza o la vejez; caminando codo a codo, en las buenas y en las malas, con un amigo fiel que es, en el verdadero sentido de la buena y antigua palabra sajona, el «hombre de la casa», y aprendiendo, como aprendió Meg, que el reino más feliz de una mujer es el hogar, y su mayor honor, el arte de gobernarlo, no como una reina, sino como una sabia esposa y madre.

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