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nydus/Little WomenPublic
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XXVIII. Domestic Experiences

—¡Mellizos, por Júpiter! —fue lo único que dijo por un minuto; luego, volviéndose hacia las mujeres con una mirada suplicante y cómicamente lastimera, añadió—: ¡Que alguien los coja rápido! Me voy a reír y se me van a caer.

John rescató a sus criaturas y desfiló de arriba abajo con una en cada brazo, como si ya estuviera iniciado en los misterios del cuidado de bebés, mientras Laurie se reía hasta que las lágrimas le rodaban por las mejillas.

—Es la mejor broma de la temporada, ¿verdad? No quería que te lo dijeran, porque me empeñé en darte una sorpresa, y me alago pensando que lo he conseguido —dijo Jo, cuando recuperó el aliento.

—Jamás me he quedado tan de piedra en toda mi vida. ¿No es divertido? ¿Son varones? ¿Cómo los vais a llamar? Déjame echar otro vistazo. Sostenme, Jo; porque, te juro por mi vida, esto me supera por completo —respondió Laurie, contemplando a los infantes con el aire de un perro Terranova, grande y benévolo, que mira a un par de gatitos recién nacidos.

—Niño y niña. ¿A que son unas bellezas? —dijo el orgulloso papá, contemplando radiante a los pequeños y rojizos gusanillos como si fueran ángeles desplumados.

–Los niños más extraordinarios que he visto en mi vida. ¿Cuál es cuál? –y Laurie se dobló como el brazo de un pozo para examinar a los prodigios.

—Amy les puso un listón azul al niño y uno rosa a la niña, a la moda francesa, para que siempre puedan distinguirlos. Además, uno tiene los ojos azules y la otra castaños. Bésalos, tío Teddy —dijo la malvada Jo.

—Me temo que tal vez no les guste —empezó Laurie, con una timidez poco habitual en asuntos de ese tipo.

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