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nydus/Little WomenPublic
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XIV. Secretos

—¿Con la idea de que alguien venga a llevarse a Meg? No, gracias.

“Te sentirá mejor al respecto cuando alguien venga a llevárselo”.

—Quiero ver a alguien que lo intente —exclamó Jo con fiereza.

—¡Pues yo también! —y Laurie se rio entre dientes ante la ocurrencia.

—No creo que los secretos me sentasen bien; tengo la mente como arrugada desde que me dijiste eso —dijo Jo, con bastante poca gratitud.

—Corre colina abajo conmigo, y estarás bien —sugirió Laurie.

No había nadie a la vista; el camino llano se extendía tentador ante ella; y sintiendo la tentación irresistible, Jo salió disparada, dejando pronto atrás el sombrero y la peineta, y esparciendo horquillas para el pelo a medida que corría.

Laurie llegó primero a la meta y estaba muy satisfecho con el éxito de su método; pues su Atalanta llegó jadeante, con el cabello al viento, los ojos brillantes, las mejillas sonrosadas y ni rastro de descontento en el rostro.

—Ojalá fuera un caballo; así podría correr durante millas en este aire espléndido y no perder el aliento. Fue magnífico; pero mira qué facha me ha dejado. Anda, recógeme las cosas, como el querubín que eres —dijo Jo, dejándose caer bajo un arce que alfombraba la orilla con hojas carmesíes.

Laurie se marchó sin prisa a recuperar la propiedad perdida, y Jo se ató las trenzas, esperando que nadie pasara hasta que volviera a estar arreglada. Pero alguien pasó, y ¿quién iba a ser sino Meg, que parecía especialmente aseñorada con su traje de gala y de fiesta, pues había estado haciendo visitas.

—¿Qué diablos haces aquí? —preguntó, mirando a su desaliñada hermana con educada sorpresa.

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