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nydus/Little WomenPublic
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XXVII. Lecciones literarias

—Haz lo que te dice; él sabe lo que se vende, y nosotros no. Haz un libro bueno y popular, y consigue todo el dinero que puedas. Poco a poco, cuando te hayas hecho un nombre, podrás permitirte el lujo de hacer digusiones y meter a personajes filosóficos y metafísicos en tus novelas —dijo Amy, que tenía un punto de vista estrictamente práctico del asunto.

—Bueno —dijo Jo, riendo—, si los míos son «filosóficos y metafísicos», no es culpa mía, pues no sé nada de esas cosas, excepto lo que le oigo decir a papá a veces. Si he mezclado algunas de sus sabias ideas con mi romanticismo, tanto mejor para mí. Ahora bien, Beth, ¿qué dices tú?

—Me gustaría tanto verlo impreso pronto —fue todo lo que dijo Beth, y sonrió al decirlo; pero hubo un énfasis inconsciente en la última palabra y una mirada nostálgica en sus ojos, que nunca perdieron su candor infantil, lo que heló el corazón de Jo, por un minuto, con un temor presagio, y la decidió a hacer su pequeña incursión «pronto».

Así, con firmeza espartana, la joven autora tendió a su primogénito sobre la mesa y lo descuartizó tan despiadadamente como cualquier ogro. Con la esperanza de complacer a todo el mundo, aceptó el consejo de todos y, como el viejo y su burro en la fábula, no le dio gusto a nadie.

A su padre le gustaba el matiz metafísico que se había colado en él sin que ella se diera cuenta, así que eso se permitió que quedara, aunque ella tuviera sus dudas al respecto. A su madre le parecía que había demasiada descripción; por lo tanto, casi todo voló fuera, y con ello muchos eslabones necesarios de la historia. A Meg le encantaba la tragedia; así que Jo aumentó el drama para complacerla, mientras que Amy objetaba la diversión y, con la mejor

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