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nydus/Little WomenPublic
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XIV. Secretos

Secretos

Jo estaba muy ocupada en el desván, pues los días de octubre empezaban a refrescar y las tardes eran cortas. Durante dos o tres horas, el sol se tendía calidamente en la ventana alta, mostrando a Jo sentada en el viejo sofá, escribiendo afanosamente, con los papeles extendidos sobre un baúl frente a ella, mientras Scrabble, la rata domesticada, se paseaba por las vigas de arriba, acompañada de su hijo mayor, un magnífico joven que evidentemente estaba muy orgulloso de sus bigotes. Absorta por completo en su trabajo, Jo garabateó sin parar hasta que llenó la última página, momento en el que firmó con un remolino y arrojó la pluma, exclamando:

“¡Listo, he hecho lo mejor que pude! Si esto no sirve, tendré que esperar hasta poder hacerlo mejor”.

Recostada en el sofá, leyó el manuscrito atentamente de cabo a rabo, haciendo rayas aquí y allá, y añadiendo muchos signos de exclamación que parecían pequeños globos; luego lo ató con una elegante cinta roja y se quedó un minuto mirándolo con una expresión seria y melancólica, que mostraba claramente cuán serio había sido su trabajo. El escritorio de Jo, allá arriba, era una vieja estufa de hojalata portátil que colgaba de la pared. En ella guardaba sus papeles y unos cuantos libros, bien a salvo de Scrabble, a quien, dado su carácter también literario, le chiflaba hacer una biblioteca circulante con los libros que encontraba a su paso, comiéndose las hojas. De este recipiente de hojalata Jo sacó otro manuscrito y, metiéndose ambos en el bolsillo, bajó sigilosamente las escaleras, dejando a sus amigos

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