arreglármelas sin él. Ese es el secreto de la felicidad en nuestro hogar: él no permite que los negocios lo alejen de las pequeñas preocupaciones y deberes que nos afectan a todos, y yo intento no permitir que las inquietudes domésticas destruyan mi interés por sus ocupaciones. Cada uno hace su parte a solas en muchas cosas, pero en casa trabajamos juntos, siempre”.
“Así es, madre; y mi gran deseo es ser para mi esposo y mis hijos lo que tú has sido para los tuyos. Enséñame cómo; haré todo lo que me digas”.
“Siempre fuiste mi hija dócil. Bien, querida, si yo estuviera en tu lugar, dejaría que John se ocupara más de la educación de Demi, pues el muchacho necesita disciplina, y no es demasiado pronto para empezar. Luego haría lo que tantas veces te he propuesto: dejar que Hannah venga a ayudarte; es una niñera excelente y puedes confiarle a los preciosos niños mientras tú haces más tareas domésticas. Necesitas hacer ejercicio, Hannah disfrutaría del descanso y John volvería a encontrar a su esposa. Sal más; mantente alegre además de ocupada, porque tú eres la creadora de sol de la familia y, si te entristeces, no habrá buen tiempo. Después intentaría interesarme por todo lo que le gusta a John: hablar con él, dejar que te lea, intercambiar ideas y ayudaros el uno al otro de ese modo. No te encierres en una sombrerera por el hecho de ser mujer, sino comprende lo que está pasando y edúcate para tomar parte en la labor del mundo, ya que todo eso afecta a los tuyos y a ti”.
“John es tan sensato, que me temo que pensará que soy una estúpida si le hago preguntas sobre política y esas cosas”.
“No creo que lo hiciera; el amor cubre una multitud de pecados, ¿y a quién podrías pedírselo con más confianza que a él? Pruébalo, y mira si no encuentra tu compañía mucho más agradable que las cenas de la señora Scott”.
“Lo haré. ¡Pobre John! Me temo que lo he descuidado muchísimo, pero creía que estaba obrando bien, y él nunca dijo nada”.