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nydus/Little WomenPublic
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XLIII. Sorpresas

«Bueno, lo hace de un modo tan imperceptible que no creo que me importe mucho. Es el tipo de mujer que sabe mandar bien; de hecho, casi me gusta, pues lo enreda a uno alrededor de su dedo con tanta suavidad y gracia como una madeja de seda, y a uno le hace sentir como si le estuviera haciendo un favor todo el tiempo».

—¡Que yo llegue a vivir para ver a un hombre dominado por su mujer y disfrutándolo! —exclamó Jo, con las manos en alto.

Fue bueno ver a Laurie enderezar los hombros y sonreír con desdén masculino ante aquella insinuación, mientras respondía con su aire «altanero y majestuoso»⁠:

“Amy tiene demasiada buena educación para eso, y yo no soy el tipo de hombre que se somete a semejante cosa. Mi esposa y yo nos respetamos a nosotros mismos y el uno al otro demasiado como para tiranizarnos o pelear”.

A Jo le gustó aquello y pensó que la nueva dignidad le sentaba muy de marvilla, pero el muchacho parecía transformarse muy deprisa en hombre, y la nostalgia se mezclaba con su placer.

—Estoy segura de eso; Amy y tú nunca se peleaban como solíamos hacerlo nosotras. Ella es el sol y yo el viento, según la fábula, y el sol logró dominar mejor al hombre, ya te acuerdas.

—Ella sabe darle una buena reprimenda tanto como hacerle brillar —se rio Laurie—. ¡Menuda conferencia me soltó en Niza! Te doy mi palabra de que fue mucho peor que cualquiera de tus regaños, una auténtica bronca. Ya te lo contaré todo algún día; ella nunca lo hará, porque, después de decirme que me despreciaba y que se avergonzaba de mí, perdió la cabeza por el sujeto despreciable y se casó con el bueno para nada.

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