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nydus/Little WomenPublic
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XII. Camp Laurence

El caballero aceptó intentarlo, y avanzó con paso lento pero seguro; pues el potro era un animal noble y pronto aprendió a querer a su nuevo amo, aunque era caprichoso y salvaje. Todos los días, cuando le daba sus lecciones a este consentido del rey, el caballero lo montaba por la ciudad; y, mientras cabalgaba, buscaba por todas partes un cierto rostro hermoso que había visto muchas veces en sus sueños, pero que nunca hallaba. Un día, mientras cabalgaba al trote por una calle tranquila, vio el adorable rostro en la ventana de un castillo en ruinas. Se llenó de alegría, preguntó quién vivía en aquel viejo castillo y le dijeron que varias princesas cautivas se encontraban allí retenidas por un hechizo, y que hilaban todo el día para juntar dinero con el que comprar su libertad. El caballero deseó con intensidad poder liberarlas; pero era pobre, y solo podía pasar todos los días por allí, esperando ver el dulce rostro y ansiando verlo salir a la luz del sol. Por fin, se propuso entrar en el castillo y preguntar cómo podía ayudarlas. Fue y llamó; la gran puerta se abrió de par en par y contempló⁠—”

—Una mujer arrebatadoramente hermosa, que exclamó con un grito de arrobamiento: «¡Por fin! ¡Por fin!», continuó Kate, que había leído novelas francesas y admiraba el estilo. «—¡Es ella! —gritó el conde Gustavo, y cayó a sus pies en un éxtasis de alegría. —¡Oh, levántate! —dijo ella, extendiendo una mano de blancura marmórea. —¡Jamás! ¡Hasta que me digas cómo puedo rescatarte! —juró el caballero, aún de rodillas. —Ay, mi cruel destino me condena a permanecer aquí hasta que mi tirano sea destruido. —¿Dónde está el villano? —En el salón malva. Ve, valiente corazón, y sálvame de la desesperación. —¡Obedezco, y regreso victorioso o muerto! Con estas apasionantes palabras salió precipitadamente y, abriendo

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