Codal
nydus/Little WomenPublic
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XIV. Secretos

mordisquear sus plumas y probar su tinta.

Se puso el sombrero y la chaqueta tan silenciosamente como pudo y, yendo a la ventana de la entrada trasera, salió al tejado de un porche bajo, se dejó caer hasta el talud de hierba y tomó un camino de rodeo hacia el camino.

Una vez allí, se compuso, paró a un ómnibus que pasaba y se alejó hacia la ciudad, con un aspecto muy alegre y misterioso.

Si alguien la hubiera estado observando, le habrían parecido decididamente peculiares sus movimientos; pues, al bajar, se alejó a gran paso hasta llegar a un número determinado en una calle muy transitada; tras encontrar el lugar con cierta dificultad, entró en el portal, miró hacia lo alto de la escalera sucia y, después de quedarse totalmente inmóvil un minuto, de repente se precipitó a la calle y se alejó tan rápidamente como había venido.

Esta maniobra la repitió varias veces, para gran entretenimiento de un joven de ojos negros que holgazaneaba en la ventana de un edificio enfrente.

Al regresar por tercera vez, Jo se dio una sacudida, se encasquetó el sombrero sobre los ojos y subió las escaleras con cara de ir a que le arrancaran todas las muelas.

Había un letrero de dentista, entre otros, que adornaba la entrada, y, tras contemplar un momento el par de mandíbulas postizas que se abrían y cerraban lentamente para llamar la atención sobre una hermosa dentadura, el joven se puso el abrigo, tomó su sombrero y bajó a apostarse en el portal de enfrente, diciendo, con una sonrisa y un estremecimiento:

«Es propio de ella venir sola, pero si lo pasa mal necesitará que alguien la ayude a volver a casa».

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