“¿No fue muy bueno por su parte? Me gustan esas cosas porque, como dice papá, las pequeñeces revelan el carácter. Cuando se lo mencioné a la señora K. esa noche, se rio y dijo— “—Ese debe de ser el profesor Bhaer; siempre está haciendo cosas de ese tipo. “La señora K. me contó que era de Berlín; muy culto y bueno, pero pobre como una rata, y da clases para mantenerse a sí mismo y a dos pequeños sobrinos huérfanos a quienes educa aquí, según los deseos de su hermana, que se casó con un estadounidense. No es una historia muy romántica, pero me interesó; y me alegró saber que la señora K. le presta su salón para algunos de sus alumnos. Hay una puerta de cristal entre este y la guardería, y tengo la intención de echarle un vistazo, y luego os diré qué aspecto tiene. Ya casi tiene cuarenta años, así que no hay malicia, Marmee. “Después del té y de un juego antes de dormir con las niñas, me puse manos a la obra con el gran cesto de costura y pasé una tarde tranquila charlando con mi nueva amiga. Iré escribiendo una carta-diario y os la mandare una vez por semana; así que buenas noches y más mañana.”
“Martes por la noche. “Pasé un rato animado en mi seminario esta mañana, pues los niños se portaron como Sancho; y en un momento pensé de veras que iba a sacudirlos a todos por turno. Algún buen ángel me inspiró a probar con la gimnasia, y la mantuve hasta que se alegraron de sentarse y quedarse quietos. Después del almuerzo, la muchacha los sacó a