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nydus/Little WomenPublic
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Table of Contents

XXXIII. El diario de Jo

como desearía. No me resultan tan interesantes como Tina y los chicos, pero cumplo con mi deber hacia ellos, y me tienen cariño. Franz y Emil son unos muchachitos alegres, muy de mi agrado; pues la mezcla de espíritu alemán y americano que hay en ellos produce un estado constante de efervescencia. Las tardes de sábado son momentos alborotados, ya se pasen dentro de casa o fuera; pues en los días agradables van todos a pasear, como un seminario, con el profesor y conmigo para mantener el orden; ¡y entonces qué diversión! > > “Ahora somos muy buenos amigos, y he empezado a tomar lecciones. De verdad que no pude evitarlo, y todo surgió de un modo tan cómico que debo contártelo. Para empezar por el principio, la señora Kirke me llamó un día, al pasar yo por la habitación del señor Bhaer, donde ella estaba revolviendo todo. > > “—¿Has visto alguna vez semejante leonera, querida? Ven a ayudarme a poner estos libros en orden, pues lo he patas arriba intentando descubrir qué ha hecho con los seis pañuelos nuevos que le di no hace mucho. > > “Entré, y mientras trabajábamos miré a mi alrededor, porque era ‘una leonera’, a decir verdad. Libros y papeles por todas partes; una pipa de espuma de mar rota y una vieja flauta sobre la repisa de la chimenea como si ya no sirvieran; un pájaro despeluchado, sin cola, Pío-pío en el alféizar de una ventana, y una caja de ratones blancos adornaba la otra; barcos a medio terminar y trozos de cordel yacían entre los manuscritos; botecitas botas sucias se secaban ante el fuego, y por toda la habitación se veían

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