pueden realizar incluso el de elevar el nivel de la hombría al negarse a repetir tales dichos. Dejen que los chicos sean chicos, cuanto más tiempo mejor, y que los jóvenes cometan sus locuras si es necesario; pero madres, hermanas y amigas pueden ayudar a que la cosecha sea pequeña y a evitar que mucha cizaña arruine la siega, al creer —y demostrar que creen— en la posibilidad de la lealtad a las virtudes que hacen que los hombres sean más varoniles ante los ojos de las buenas mujeres. Si se trata de una ilusión femenina, déjennos disfrutarla mientras podamos, porque sin ella se pierde la mitad de la belleza y del romance de la vida, y tristes presentimientos amargarían todas nuestras esperanzas en los muchachos valientes y tiernos de corazón que aún quieren a sus madres más que a sí mismos y no se avergüenzan de reconocerlo.
Laurie pensaba que la tarea de olvidar su amor por Jo consumiría todas sus fuerzas durante años; pero, para su gran sorpresa, descubrió que cada día resultaba más fácil. Se negó a creerlo al principio, se enojó consigo mismo y no lograba comprenderlo; pero estos corazones nuestros son cosas extrañas y contradictorias, y el tiempo y la naturaleza hacen su voluntad a pesar de nosotros. El corazón de Laurie no quería doler; la herida insistía en sanar con una rapidez que lo asombraba y, en lugar de intentar olvidar, se descubrió intentando recordar. No había previsto este giro de los acontecimientos y no estaba preparado para ello. Estaba disgustado consigo mismo, sorprendido por su propia inconstancia y lleno de una extraña mezcla de desilusión y alivio al ver que podía recuperarse de un golpe tan tremendo tan pronto.