«máquina de coser»—una estructura misteriosa de cuerda, sillas, pinzas de ropa y carretes, para que las ruedas giraran «vuelti y vuelti»—; asimismo, una cesta colgada del respaldo de un sillón grande, en el cual intentaba en vano izar a su hermana, demasiado confiada, quien, con devoción femenina, permitía que le golpearan la cabecita hasta ser rescatada, momento en el cual el joven inventor comentó indignado: «Pero, mamita, ese es mi ascensor, y yo estoy tratando de subirla».
Aunque totalmente distintos en carácter, los gemelos se llevaban de maravilla, y rara vez se peleaban más de tres veces al día. Por supuesto, Demi tiranizaba a Daisy y la defendía con gallardía de cualquier otro agresor; mientras que Daisy se convertía en una esclava de galera por voluntad propia y adoraba a su hermano como al único ser perfecto sobre la tierra. Daisy era una criaturita rosada, regordeta y radiante, que se abría paso hasta el corazón de todo el mundo