alguien mucho mayor; asimismo lleva las cuentas, con mi ayuda, requetebién. Hasta ahora nos hemos manejado con mucha economía; no dejo que las muchachas tomen café sino una vez por semana, conforme a su deseo, y las tengo a comida sencilla y sanita. Amy se porta bien con eso de andar rezongando, poniéndose su mejor ropa y comiendo golosinas. El señor Laurie anda con tantas travesuras como de costumbre, y patas arriba pone la casa a cada rato; pero les alegra el ánimo a las muchachas, y por eso las dejo hacer lo quequieran. El viejo caballero manda cataratas de cosas, y es un poco majadero, pero tiene güenas intenciones, y a mí no me toca decir nada. Ya me leudó el pan, así que por ahora no más. Le mando mis respetos al señor March, y ojalá que ya haya visto lo último de su Neumonia. >
“Jefa de enfermeras de la Sala Núm. 2—
“Todo tranquilo en el Rappahannock, las tropas en excelente estado, el departamento de intendencia bien dirigido, la Guardia Nacional del coronel Teddy siempre de servicio, el comandante en jefe, general Laurence, pasa revista al ejército a diario, el intendente Mullett mantiene el orden en el campamento y el comandante Lion hace de centinela por la noche. Se disparó una salva de vejan-cuatro cañones al recibir buenas noticias de Washington y se celebró un desfile de gala en el cuartel general. El comandante en jefe envía sus mejores deseos, a los que se une de todo corazón
“El coronel Teddy”.