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nydus/Little WomenPublic
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XXXIV. Un amigo

  • Si tenía alguna pena, «la guardaba con la cabeza bajo el ala», y solo mostraba su lado soleado al mundo. * Había líneas en su frente, pero el Tiempo parecía haberlo tocado con suavidad, recordando lo amable que era con los demás. * Las agradables curvas alrededor de su boca eran el testimonio de muchas palabras amistosas y risas alegres; sus ojos nunca eran fríos ni duros, y su gran mano tenía un apretón cálido y fuerte que era más expresivo

Hasta sus propias prendas parecían participar de la naturaleza hospitalaria de quien las llevaba. Parecían estar a gusto y deseaban hacerle sentir cómodo; su espacioso chaleco sugería que debajo latía un gran corazón; su raído abrigo tenía un aire sociable, y sus abultados bolsillos demostraban claramente que las manitas a menudo entraban vacías y salían llenas; hasta sus botas eran benévolas, y sus cuellos jamás eran rígidos y ásperos como los de los demás.

—¡Eso es! —se dijo Jo a sí misma, cuando por fin descubrió que la auténtica buena voluntad hacia el prójimo podía embellecer y dignificar incluso a un corpulento profesor alemán, que devoraba la comida a paladas, se zurcía sus propios calcetines y cargaba con el nombre de Bhaer.

Jo valoraba mucho la bondad, pero también poseía un respeto de lo más femenino por el intelecto, y un pequeño descubrimiento que hizo sobre el Profesor aumentó considerablemente la estima que le tenía. Él nunca hablaba de sí mismo, y nadie supo jamás que en su ciudad natal había sido un hombre muy honrado y estimado por su erudición y su integridad, hasta que un compatriota vino a visitarlo y, en una conversación con la señorita Norton, reveló el gratificante dato. Por medio de ella, Jo se enteró, y le gustó aún más debido a que el señor Bhaer nunca lo había mencionado. Se sintió orgullosa de saber que era

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