mamá; ya no eres nada de lo que eras antes, y me pareces muy, muy lejana. No es mi intención fastidiarte, y lo soportaré como un hombre, pero ojalá estuviera todo resuelto. Odio esperar; así que si tienes la intención de hacerlo alguna vez, date prisa y acaba pronto —dijo Jo con petulancia.
“No puedo decir ni hacer nada hasta que él hable, y no lo hará, porque papá dijo que era demasiado joven”, empezó diciendo Meg, inclinándose sobre su labor con una extraña y pequeña sonrisa que sugería que no estaba muy de acuerdo con su padre en ese punto.
“Si él te hablara, no sabrías qué decir, sino que llorarías o te sonrojarías, o harías lo que él quisiera, en vez de darle un buen y rotundo «No»”.
“No soy tan tonta ni tan débil como crees. Sé exactamente lo que debo decir, porque lo he planeado todo, así que no me pillarán por sorpresa; nunca se sabe lo que puede pasar, y quería estar preparada”.