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nydus/Little WomenPublic
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XVIII. Días oscuros

Laurie deseaba decirle algo tierno y reconfortante, pero no acudieron a él las palabras adecuadas, así que se quedó en silencio, acariciándole suavemente la cabeza inclinada como solía hacerlo su madre. Era lo mejor que podría haber hecho; mucho más calmante que las palabras más elocuentes, pues Jo sintió la tácita simpatía y, en el silencio, aprendió el dulce consuelo que el afecto administra al pesar. Pronto se secó las lágrimas que la habían aliviado y alzó la vista con rostro agradecido.

—Gracias, Teddy, ya estoy mejor; no me siento tan desolada, e intentaré soportarlo si llega.

“Sigue esperando lo mejor; eso te ayudará, Jo. Pronto estará aquí tu madre, y entonces todo irá bien”.

—Me alegra tanto que papá esté mejor; ahora ella no se sentirá tan mal por dejarlo. ¡Ay de mí! Parece como si todos los problemas vinieran juntos y a mí me tocara la parte más pesada sobre los hombros —suspiró Jo, extendiendo su pañuelo mojado sobre las rodillas para que se secara.

—¿Es que Meg no rema con justicia? —preguntó Laurie, con aire indignado.

—Oh, sí; ella intenta hacerlo, pero no puede amar a Bethy como yo; y no la extrañará como yo lo haré. Beth es mi conciencia, y no puedo dejarla ir. ¡No puedo! ¡No puedo!

El rostro de Jo se hundió en el pañuelo mojado y lloró desesperada, pues se habia mostrado fuerte hasta entonces y no había derramado una sola lágrima. Laurie se pasó la mano por los ojos, pero no pudo hablar hasta que hubo dominado el nudo en la garganta y calmado sus labios. Podría ser poco varonil, pero no pudo evitarlo, y me alegro de que fuera así.

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