intentando dibujar la cabeza de león de piedra gris en el muro, con ramas de madreselva escarlata colgando a su alrededor. Sentía como si hubiera entrado en una novela romántica, sentada allí, viendo el Neckar discurrir por el valle, escuchando la música de la banda austríaca abajo y esperando a mi amado, como una auténtica chica de libro de cuentos. Tenía la sensación de que algo iba a suceder y estaba preparada para
“Al poco rato oí la voz de Fred, y enseguida vino a buscarme apresuradamente cruzando el gran arco. Tenía un aspecto tan preocupado que me olvidé por completo de mí misma y le pregunté qué pasaba. Me dijo que acababa de recibir una carta en la que le suplicaban que volviera a casa, pues Frank estaba muy enfermo; así que se marchaba de inmediato, en el tren de noche, y solo tenía tiempo para despedirse. Me dio mucha pena por él, y me llevé un chasco por mí misma, pero solo durante un minuto, porque al estrecharme la mano me dijo —y lo