que la señora Kirke le ha hablado de nosotras, y lo hace por amabilidad hacia mí. Soy tan orgullosa como Lucifer, pero tales favores de semejante gente no me pesan, y acepté agradecida. “Cuando volví a la guardería había tal escándalo en el salón que asomé la cabeza; y allí estaba el señor Bhaer a gatas, con Tina a la espalda, Kitty guiándolo con una cuerda de saltar, y Minnie dando pastelitos de semillas a dos muchachos mientras rugían y se alborotaban en jaulas hechas de sillas. “—Estamos jugando a la Nargerie —explicó Kitty. “—¡Este es mi effalante! —añadió Tina, agarrándose al pelo del profesor. “—Mamá siempre nos deja hacer lo que nos gusta el sábado por la tarde, cuando vienen Franz y Emil, ¿verdad, señor Bhaer? —dijo Minnie. “El «effalante» se sentó, con cara tan seria como cualquiera de ellos, y me dijo formalmente: “—Te doy mi palabra de que es así. Si hacemos demasiado ruido, tú nos dices «¡Chist!» y andamos más suavecito. “Prometí hacerlo, pero dejé la puerta abierta y disfruté de la diversión tanto como ellos, pues nunca presencié un retozo más glorioso. Jugaron a la mancha y a los soldados, bailaron y cantaron, y cuando empezó a oscurecer se amontonaron todos en el sofá alrededor del profesor, mientras él contaba encantadores cuentos de hadas sobre las cigüeñas en los tejados y los pequeños «kóbolds» que
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XXXIII. El diario de Jo
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