Pudo haber motivo de ansiedad maternal si Demi no hubiera dado pruebas convincentes de que era un auténtico muchacho, además de un filósofo en ciernes; pues a menudo, tras una discusión que hacía que Hannah profetizara, con ominosos asentimientos: «A ese niño no le queda mucho en este mundo», él se daba la vuelta y disipaba sus temores con alguna de las travesuras con las que los queridos, sucios y traviesos pequeños bribones distraen y deleitan el alma de sus padres.
Meg se impuso muchas normas morales y trató de cumplirlas; pero ¿qué madre ha sido jamás inmune a las artimañas seductoras, a las ingeniosas evasivas o a la tranquila audacia de esos hombres y mujeres en miniatura que tan pronto demuestran ser consumados Artful Dodgers?
—No más pasas, Demi, te van a poner enfermo —dice mamá a la personita que ofrece sus servicios en la cocina con